El Gran Salón del Consejo vibraba con tensión. Los ancianos, sentados en sus tronos tallados en madera de roble centenario, observaban a Helena con una mezcla de fascinación y recelo. La noticia cayó como una sentencia:
—La luna sangrienta llegará en tres noches —anunció Valeria, la más antigua del Consejo, su voz cascada pero firme—. Cuando el astro se tiña de carmesí, el destino de Helena quedará sellado.
Helena sintió un escalofrío recorrer su espalda. Desde que había cruzado el portal con D