La mañana en la manada llegó con un cielo cubierto de ceniza. No eran nubes. Era humo. El tipo de humo que no venía del fuego común, sino de una grieta mágica abierta en algún lugar cercano, un vórtice que el bosque intentaba ocultar… y no podía.
Kael lo percibió antes que nadie. Había pasado la madrugada patrullando los límites, buscando señales de los heraldos. Pero lo que encontró fue peor: un círculo de árboles muertos, humeantes, donde el suelo había sido arrancado como si algo hubiera int