La luna llena se alzaba como un ojo pálido y omnipresente en el cielo de la manada de Piedra. No era una luna cualquiera: esa noche marcaba el solsticio de la Verdad, un evento ancestral que se celebraba cada generación con una ceremonia pública en la que los lazos eran purificados y las energías oscuras desenmascaradas.
Kael y Lía estaban en el centro del círculo ceremonial, rodeados por la manada. Todos vestían túnicas rituales, y los rostros estaban marcados con cenizas de luna, el polvo que