La mañana siguiente al juicio amaneció con una luz extraña. No era el sol lo que iluminaba el campamento, sino una claridad azulada que emanaba desde el límite del bosque, justo donde los árboles más viejos se inclinaban hacia un barranco sin fondo conocido como El Abismo del Eco.
Fue Valen quien lo reportó primero. —Algo brilla en las paredes del acantilado. Como escritura viva —dijo, con el rostro pálido—. Y se mueve.
Lía y Kael salieron al instante. Ahora compartían el liderazgo, pero cada d