La noche cayó con un silencio que no era natural. Las llamas del campamento ardían más bajas, como si temieran al viento, y ni siquiera los lobos se atrevían a aullar. En la tienda central, Lía no lograba dormir. Cada vez que cerraba los ojos, una voz la llamaba desde las profundidades del subconsciente: grave, femenina, vibrante como un eco contenido durante siglos.
—Aún no me has elegido…
Se levantó y caminó hacia el claro. La luna, pálida y completa, parecía colgar sobre ella con expectación