La noche no había caído del todo, pero ya el cielo era una cúpula violeta salpicada de brasas celestes. En el centro del campamento, el altar ceremonial aún brillaba con la energía de la ofrenda hecha por Kael y Lía. Sin embargo, no había paz. Solo un eco insistente, como si la misma tierra murmurara advertencias en un idioma roto.
—La Marca despertó al Umbral —dijo Maelys con el rostro grave—. Y si las leyendas no mienten, el Umbral responde a una única cosa: sangre verdadera.
Lía se estremeci