Kael se giró sin una palabra y caminó cabizbajo hacia Eva. Ni por un segundo sus ojos se cruzaron con los míos. Como si nunca hubiera existido para él. Sentí que todo a mi alrededor se desvanecía; las voces, la música, la luz... todo se volvió un murmullo lejano, irrelevante.
—¿Estás bien, Isela? —preguntó una voz cercana.
Parpadeé, sacudida por la pregunta.
—S… sí, felicitaciones —dije con la voz temblorosa, tragando saliva para evitar que el nudo en mi garganta me traicionara—. Si me disculp