— ¿Qué haces aquí? — Abrí la puerta apenas entrecerrándola detrás de mí, como si temiera que alguien más pudiera escuchar. — Son las cuatro de la mañana.
— Querías una prueba.
— Kael, ¿estás borracho?
— No.
— Apestas a whisky.
— Tengo lo que me pediste, ¿lo quieres o no?
— Lyanna…
— Lyanna está dormida. ¿Quieres ver a tu padre o no?
La voz de Kael se endureció, grave, y en la penumbra del pasillo sus facciones parecían más afiladas, más duras, como esculpidas en sombra.
Cerré la puerta con cui