Mundo ficciónIniciar sesiónElla es una omega. Él es el gamma de gammas. Después de un amor que la dejó rota, Clara eligió el exilio. Pagó el precio de vivir lejos de su manada, ocultando su verdadera identidad y aprendiendo a sobrevivir sin esperar nada de nadie. Pero el destino no sabe respetar distancias. Un lobo guerrero, fuerte y de aura salvaje, la salva cuando está al borde del peligro. El vínculo surge de inmediato, brutal e innegable. Demasiado real para negarlo. Demasiado peligroso para aceptarlo. Él es el gamma de gammas, un hombre marcado por el deber, atado a un decreto que no puede desobedecer. Su vida no le pertenece por completo, y amar no es una opción libre para alguien como él. Clara lo siente desde el primer instante: hay algo que lo retiene, algo que convierte ese lazo en una condena silenciosa. Aceptarlo significaría volver a perderse, volver a ser relegada, volver a romperse. Entre miradas contenidas, decisiones que duelen y un amor que no debería existir, Clara deberá elegir si huir antes de que sea tarde… o quedarse y descubrir por qué ese vínculo está destinado a ser imposible. Un lazo prohibido. Un destino sellado. Y un secreto que podría destruirlos a ambos.
Leer másClara
Sola, desprotegida y amargada…
Eso es lo que los demás piensan de mí cuando no sé cómo explicarles que no tengo un mate y que vivo en una pequeña casa rodeada de montañas, árboles y animales salvajes.
—Pero te riges por las reglas de nuestro rey —aseguran algunos.
—En nuestra región no se permiten lobos salvajes. Todos debemos obedecer las mismas normas —me recuerdan otros, con tono de advertencia.
Mi respuesta suele ser la que esperan escuchar: sin detalles, sin explicaciones, solo lo justo.
Con el tiempo, he aprendido a no hablar mucho. A evitar preguntas. Aunque a veces… es inevitable.
Soy una loba solitaria, pero no puedo decirlo en voz alta. Para los licántropos, eso es escandaloso, un tabú. Debemos pertenecer a una manada, o al instante somos etiquetados como problemáticos y peligrosos.
Así que miento. Digo que vivo sola, pero que me rijo por las reglas del rey alfa. Suena menos rebelde. Menos solitario…
—Vaya, hoy tendré una buena cosecha —digo emocionada al descubrir un campo silvestre de lavanda—. Entonces sí eras real —susurro, aliviada. Mi caminata no ha sido en vano.
Salí anoche, transformada en loba, tras escuchar en el mercado a un par de comerciantes hablando en voz baja.
Uno le confesaba a su amigo que había encontrado lavanda silvestre al oeste. En esta región, la lavanda es preciada y costosa, considerada una planta exótica dentro del territorio licántropo, especialmente aquí, tan al este.
—Será cuestión de tiempo para que el rey la proclame de su propiedad —murmuro, mientras camino entre los tallos—. Debo aprovechar mientras siga siendo un secreto…
Corro entre las flores, feliz, con dos grandes canastas listas para llenarse. El olor es exquisito, embriagador, y me hace soñar con nuevas fragancias. Me pican los dedos de ansiedad por volver a mi taller y crear perfumes.
—Ah… con lo que gane, tendré cubierto otro año de estadía en el territorio del rey alfa… y tal vez me dé uno que otro lujo —celebro, arrancando las plantas con cuidado.
Después de llenar las cestas con tantas flores como puedo, corro, salto, bailo entre el campo y grito mi buena fortuna.
Y pensar que estuve a punto de no venir.
Este pequeño viaje es una locura, lo sé. Me dejé llevar por un impulso, solo por escuchar una conversación. Pero la necesidad de pagar mi siguiente año de estadía me empujó.
Aún no estoy lista para regresar a casa…
Este campo está lejos de mi hogar actual. He recorrido tierras desconocidas. Ha sido arriesgado… pero ha valido la pena.
Y, hasta ahora, nada malo ha sucedido.
Con ese pensamiento en mente, comienzo el camino de regreso. Me espera una larga caminata.
Horas después, el sol ya está por esconderse. Mis pies duelen, mi estómago ruge y mi boca está seca por la sed. Saco mi termo, pero está vacío.
—Necesito llenarlo de agua —musito.
Por suerte, hay un río cerca. Solo necesito caminar unos minutos más.
En cuanto llego al cúmulo de agua, pongo las cestas sobre una roca aplanada y me arrodillo para beber con desesperación. Luego hundo el termo para llenarlo.
Miro el cielo anaranjado y decido que ese es un buen lugar para pasar la noche. Recolectaré algunas ramas y haré una fogata.
Pero antes de levantarme para buscar la leña, escucho pasos fuertes. Amenazantes. Me ponen en alerta al instante.
Mi cuerpo tiembla. Los latidos de mi corazón retumban como truenos mientras varios escalofríos me recorren la espalda.
Aun con el miedo en el pecho, me pongo de pie, dispuesta a enfrentar lo que venga.
—¡Miren lo que tenemos aquí! —exclama una voz áspera.
Levanto la mirada y encaro al hombre que ha hablado. Me quedo petrificada al instante. Es enorme, con aspecto de malandro y mirada turbia.
No…
—¡Qué regalito tan delicioso nos ha dado el bosque! —espeta otro, con una sonrisa retorcida y la misma apariencia vulgar. Odio la forma en que me miran, su burla, su descaro… y lo que sus ojos insinúan.
Mi cuerpo tiembla aún más. El pulso se me acelera tanto que me cuesta respirar. Pero no me puedo mover. Estoy rígida, con los músculos tensos y la mirada clavada en ellos. Sé que mis ojos reflejan el terror que me consume.
Estoy muerta…
Pero lo peor es lo que puede suceder antes de que se roben mi aliento.
No quiero ser usada. No de esa manera.
Entonces, unos cinco hombres más emergen de entre los árboles y me miran como si yo fuera su cena.
Y entiendo que esta noche… podría ser la última.
GarthorMe quedo congelado en el mismo lugar, incapaz de responderle a mi madre, siquiera de mover un músculo, con el corazón latiéndome impasible y potente, y una resequedad en la garganta que me empuja a aclarármela. Y lo hago, pero aun así no puedo hablar.—¡Garthor, di algo! ¡Tan impresionado estás! Me imagino lo feliz que te encuentras. Mira que ser el prometido formal de la sobrina del rey ¡Ay, nuestra familia ha entrado en la buena fortuna y la bendición! —exclama mi madre, sin saber que sus palabras me hieren, me torturan, me hacen sentir encarcelado y muy culpable.—Mamá, es muy pronto para cantar victoria —logro decir.Ella me mira sorprendida. —¿De qué hablas, querido? —inquiere confundida.—Un compromiso no es una decisión que se tome a la ligera. Hay muchos factores a considerar…—¿De qué estás hablando, Garthor? —me interrumpe—. ¡No me digas que no quieres comprometerte con nuestra bella Isabella, la sobrina del rey! ¿Estás bien? Sabes que ella siempre te ha amado y qu
GarthorLos galopes veloces del caballo me sacuden mientras la brisa fuerte choca con mi cara. Son como pequeñas cachetadas a mi piel.Está haciendo frío, pero nada de eso se compara con la sensación gélida que hay en mi pecho.Mis manos tiemblan y el corazón me late sin control. Siento la garganta reseca y un vacío en el estómago que no sé si es hambre o algo más. Me siento fatal, y la culpa es como ese dedo invisible que me señala y me hace sentir peor que la basura.Galopeo rápido en dirección a casa, aunque no deseo llegar. Temo enfrentarme a lo que viene, a lo inevitable.Pero ya lo he decidido. He escogido a Clara, la quiero a ella. Somos mates y, como tal, tenemos derecho a estar juntos. Ni el rey ni nadie puede impedirlo.Firme en mi decisión, me dirijo a casa.Cuando llego, soy recibido por unos cuantos sirvientes que están terminando su labor del día.Hay tanto silencio.Como ya es de noche, estoy seguro de que casi todos están dormidos.Suspiro con alivio y me voy directo a
ClaraEstoy temblorosa, deseosa de que Garthor continúe, anhelando su cuerpo presionado contra el mío, nuestras respiraciones unidas y él reclamándome por primera vez.Sin embargo, se ha alejado.Su mirada está turbada, arrepentida, y me siento fatal. Me muerdo el labio inferior y tomo la sábana para taparme. Quiero llorar, gritar, hacer cualquier cosa menos quedarme aquí, abrazada a mi propio cuerpo, esperando a que él me diga algo.—Lo siento tanto, Clara —me dice—. Esto no debe ser así.No sé qué responderle, así que no lo hago. Quiero llorar mucho. Es tan doloroso y humillante.—Te deseo como nunca lo he hecho con nadie más… —añade; su voz tiembla—. Me encantas, pero mereces más que esto.Me agarra de las manos y busca mi mirada. Las lágrimas empiezan a salir y me siento avergonzada por lo patética que me veo.—No llores —me pide con suavidad. Luego me da un beso corto en los labios—. ¿Sabes? Pronto te daré esa respuesta que tanto necesitas. Déjame regresar a casa y arreglar algun
ClaraEstos días con Garthor han sido maravillosos. Hemos tenido conversaciones profundas, risas y juegos entre nosotros, como si fuéramos unos lobeznos. Él me ayuda con los quehaceres de la casa y hasta ha cocinado mientras yo estoy en el taller haciendo perfumes. No le sale perfecto, pero ha mejorado mucho.Ahora, ya de noche, yo recostada en un extremo del sofá y él sentado en el otro, lo observo mientras me da un masaje en los pies, pues estuve mucho tiempo parada hoy en el taller y me duelen. Garthor es tan lindo que no me creo que sea mi compañero destinado.—Mañana debo regresar, ya se acabaron mis minivacaciones —comenta él, y de inmediato la tristeza empaña la alegría que me inunda. Todo esto ha sido como un sueño, pero pronto voy a despertar.—Entiendo —le digo sin reproche, aunque me duele. No quiero demostrarle mi tristeza ni v
Último capítulo