Capítulo 148.
Me levanté horas después de mi lugar de descanso y caminé de regreso hacia la manada. Me perdí la cena. No me importó.
Estaba por cumplir veinticuatro años y la vida se había vuelto monótona. Predecible. Silenciosa de una forma que no traía paz, solo hastío.
Ya estaba bien.
Fui directo a la oficina de mi tío Gail y golpeé una sola vez antes de entrar. Levantó la vista de los documentos con expresión cansada.
—Me voy —anuncié.
Parpadeó, sorprendido.
—Saluda a tus padres por mí.
Le sonreí apenas.