Capítulo 147.
Tres años después.
Alina rugió con todas sus fuerzas, un gruñido profundo y exagerado que hizo vibrar el aire del claro. Los cachorros chillaron de emoción y salieron disparados en todas direcciones, sus pequeñas formas de lobo resbalando entre la hierba húmeda y las raíces expuestas. Ella avanzó tras ellos a grandes zancadas, dejando que la rodearan, que pasaran entre sus piernas y que intentaran morderle el pelaje de juego.
—¡Vengan acá, pequeñas pulgas! —gruñó otra vez, bajando el cuerpo y mostrando los colmillos en una mueca feroz que no engañaba a nadie.
—¡Corran! ¡El monstruo nos quiere comer! —aulló uno de los cachorros, dando un salto torpe.
—¡No puede atraparnos, es muy grande! —gritó otro, tropezando y rodando por el suelo antes de levantarse de nuevo.
Alina se dejó caer sobre sus patas delanteras y lanzó un zarpazo lento, lo suficientemente cerca como para asustarlos, pero jamás para tocarlos. Los pequeños lobos chillaron, fingiendo terror, y se dispersaron otra vez. Uno se