Capítulo 155.
—Espero que te sientas mejor.
Alderik apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que mi padre rematara:
—No realmente. Solo tenía curiosidad por saber si aceptarías el golpe —dijo con toda tranquilidad—. Fuera de eso, puedes decirme suegro.
Parpadeé.
Una vez.
Dos veces.
Luego miré a Alderik.
Estaba de pie, muy erguido, con la mandíbula tensa… y con un ojo que ya empezaba a inflamarse de un color preocupante.
—Liam… —dijo Alderik con mucho cuidado.
—Suegro.
Silencio.
Un silencio tan tenso que jura