Capítulo 157. Alderik.

Durante mucho tiempo pensé que la paz era silencio.

Que era la ausencia de peligro. La ausencia de sangre. La ausencia de gritos.

Me equivoqué.

La paz tiene sonido.

El sonido de una respiración tranquila a tu lado.

El peso de un cuerpo conocido durmiendo contra el tuyo.

El latido de dos corazones que, por fin, no están huyendo.

Me desperté antes que ella.

Como casi siempre.

Alina dormía de lado, con una mano cerrada sobre mi pecho, como si incluso dormida necesitara asegurarse de que no iba a desaparecer.

No la culpo.

Yo tampoco quería soltarla.

La observé en silencio. El cabello desparramado sobre la almohada, la respiración lenta, el ceño relajado. Ya no había tensión en su rostro. Ya no había ese cansancio antiguo que siempre cargaba, incluso cuando sonreía.

Había paz.

Y esa paz… era mía.

O mejor dicho: era nuestra.

A veces todavía me parecía irreal.

Durante años me convencí de que alejarme había sido lo correcto. De que la estaba protegiendo. De que yo era un obs
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