Capítulo 150.
Tardé un par de semanas en adaptarme a mi nueva piel.
Fue mucho más fácil de lo que había sido convertirme en Alfa Suprema. La debilidad no me era ajena; la había conocido bien antes del poder. Sabía cómo escuchar a mi cuerpo, cómo aceptar el cansancio sin verlo como un enemigo. Y, sobre todo, no se sentía como debilidad real. Era solo… ausencia de algo que ya había soltado.
Mis sentidos eran distintos. Más lentos. Más limitados. Pero también más claros. Cada paso tenía peso, cada respiración importaba. No había magia sosteniéndome, ni fuerza ancestral empujándome hacia adelante. Solo yo.
Cuando estuve lista, emprendí el viaje.
Partí desde el sur de los territorios de los lobos, allí donde el clima es más amable y el viento huele a tierra húmeda. Dejé atrás los caminos que conocía de memoria, aquellos que recorrí durante años como Suprema sin pensar en el cansancio ni en la distancia.
Ahora contaba los días.
Caminaba al amanecer y descansaba al caer la noche. Me alimentaba de lo que e