Lucian no esperó para comunciarles a todos. Caminó hacia el centro del salón, subiendo dos peldaños de la escalinata principal para quedar por encima de la multitud. Su sola presencia, imponente y cargada de esa autoridad oscura de los Azuleja, hizo que el ruido se apagara en segundos.
—¡Escuchadme todos! —rugió Lucian, y su voz llenó cada rincón de la casa—. Esta noche no solo brindamos por el regreso a nuestro hogar. No solo brindamos por la sangre derramada y la que está por venir.
Hizo una