Caminé por el largo pasillo que conducía al despacho principal, el mismo que mi padre había usado durante décadas. El eco de mis propios pasos sobre el mármol me recordaba que, aunque estuviéramos de vuelta, ya nada era igual. La mansión olía a limpio, a una normalidad fingida que se desmoronaba en cuanto llegabas a la zona donde Lucian dictaba sus órdenes.
Al entrar, la atmósfera cambió drásticamente. El aire estaba cargado de un olor agrio y metálico. Lucian estaba allí, de pie frente a los v