El ruido me despertó antes de que Lena tocara la puerta.
No era trueno. No era tormenta. Era motor. Pesado. Corto. El del jet.
Me levanté de golpe. Afuera estaba todo oscuro todavía. Debían ser las cuatro. El cielo seguía negro, pero ya no era noche profunda. Esa hora en que los bosques callan y los lobos descansan.
Me acerqué a la ventana del pasillo.
Lo vi bajar.
Las luces del jardín se encendieron solas. El césped estaba mojado. El jet aterrizó detrás de los árboles, en la zona que Eiden habí