El viaje de regreso desde el lago fue silencioso. El frío del norte de Noruega golpeaba el parabrisas de la camioneta, pero dentro la calefacción mantenía una temperatura agradable. Lucian conducía con la vista fija en el camino, con esa mandíbula apretada que indicaba que su mente ya estaba de vuelta en la guerra. Lena, envuelta en su manta, lo miraba de reojo. El momento de paz en el lago se sentía como un sueño lejano, algo que el viento helado se había llevado.
Al llegar a la mansión, el am