El fuego seguía crepitando afuera, pero el interior de la mansión estaba sumergido en un silencio pesado. Alana caminó por el pasillo principal con pasos lentos. Su cuerpo se sentía diferente, mucho más pesado que apenas una semana atrás. Llevaba un vestido de flores que Eiden le había ayudado a elegir dos días antes, cuando salieron a comprar ropa nueva. Había sido un momento de felicidad, uno de los pocos que habían tenido.
Lo extraño era su embarazo. Desde el ataque de Daren y el susto con el bebé, su abdomen había crecido de forma increíble. Lena decía que le quedaban menos de quince días para dar a luz. La magia del bebé y el estrés de la batalla habían acelerado todo. Alana se acarició el vientre, sintiendo la firmeza de su piel bajo la tela del vestido. A pesar de la tensión que acababa de vivir afuera, ella se sentía extrañamente tranquila respecto a la decisión de Lucian.
Encontró a Reyk en la biblioteca. Él estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia la oscuridad del bos