El fuego seguía crepitando afuera, pero el interior de la mansión estaba sumergido en un silencio pesado. Alana caminó por el pasillo principal con pasos lentos. Su cuerpo se sentía diferente, mucho más pesado que apenas una semana atrás. Llevaba un vestido de flores que Eiden le había ayudado a elegir dos días antes, cuando salieron a comprar ropa nueva. Había sido un momento de felicidad, uno de los pocos que habían tenido.
Lo extraño era su embarazo. Desde el ataque de Daren y el susto con e