El agua caliente seguía cayendo sobre ellos, pero ya no sentían el calor del agua, sino el de sus propios cuerpos. El deseo subió rápido. Se acariciaron y se buscaron con desesperación. Lucian la levantó por los muslos y ella se enganchó a su cintura, buscando ese refugio que solo él podía darle. Sus respiraciones se mezclaban con el ruido del agua. En ese momento, Lucian no pensaba en Daren, ni en Veer, ni en su manada. Solo pensaba en Lena y en lo mucho que la necesitaba para no perder la cabeza.
Cuando el momento de pasión pasó, el cansancio volvió a caer sobre él, pero era un cansancio distinto, más tranquilo, como si hubiera soltado un peso muy grande. Se quedaron de pie bajo el chorro de agua, abrazados mientras el vapor seguía subiendo.
Lucian, con su altura de seis pies, apoyó la cabeza sobre la de Lena. Ella se hundió en su pecho ancho y fornido, escuchando cómo su corazón intentaba recuperar un ritmo normal. El agua caliente les acogía, mojándoles el pelo y la piel, limpiand