Subieron las escaleras en silencio. Los pies de Lucian pesaban sobre la madera, haciendo un ruido sordo en el pasillo vacío. Lena no le soltaba la mano. Ella sentía que, si lo dejaba ir, él daría media vuelta para volver a su despacho a vigilar las cámaras o a limpiar sus armas. No era la primera vez que lo veía así, pero esta vez era diferente. Lucian no solo estaba cansado; estaba cargando con la culpa de todo lo que había pasado.
Al entrar en la habitación, el aire se sentía más cálido. Lena