Pasó una semana exacta desde que la sangre de los soldados de la Secta manchó la nieve del jardín. Durante esos siete días, el silencio fue absoluto. No hubo llamadas, ni ataques, ni rastros de Daren Kirk o de Veer. Era una calma extraña que a todos les ponía los pelos de punta.
Los hombres se habían encargado de la limpieza. Tuvieron que enterrar los cuerpos en una zona alejada del bosque y fregar cada rincón de la mansión para quitar el olor a gas y a muerte. Eiden y los hermanos de Alana tra