Habían pasado cinco días.
Estaba vestida de blanco.
El vestido era largo, con mangas de encaje y una tela que caía como agua. Era casi igual al que mi madre usó cuando se casó con mi padre. Lo recordaba bien. Había visto esas fotos mil veces, cuando todavía creía que el amor era algo que duraba.
Me miré en el espejo y sin darme cuenta, empecé a llorar.
Las lágrimas cayeron sin ruido. No supe en qué momento me rendí.
Me senté en la cama y miré a mi alrededor.
Era una habitación enorme.
Una ma