Lena, recuperando el aliento tras el efecto del gas, vio la escena con una claridad aterradora: Alana colgando del brazo de Daren, perdiendo la vida segundo a segundo. No había tiempo para encantamientos, no había energía para hilos de luz. Con un movimiento desesperado, sus dedos se cerraron sobre un cuchillo de caza que Eiden había dejado sobre la cómoda antes de que todo estallara.
Sin pensarlo, se lanzó hacia adelante. Su cuerpo menudo se movió con una velocidad nacida del pánico. Daren, concentrado en el rostro lívido de Alana, no la vio venir hasta que fue demasiado tarde. Lena hundió la hoja de acero en el lateral derecho del cuello del Alfa. El sonido del metal penetrando la carne fue ahogado por un gruñido sordo de Daren.
La sangre, espesa y oscura, comenzó a brotar alrededor del cuchillo, manchando el cuello de su impecable abrigo. Pero Daren no era humano, y su resistencia al dolor era algo antinatural. A pesar de tener el cuchillo clavado, no soltó a Alana. Al contrario, s