Lena, recuperando el aliento tras el efecto del gas, vio la escena con una claridad aterradora: Alana colgando del brazo de Daren, perdiendo la vida segundo a segundo. No había tiempo para encantamientos, no había energía para hilos de luz. Con un movimiento desesperado, sus dedos se cerraron sobre un cuchillo de caza que Eiden había dejado sobre la cómoda antes de que todo estallara.
Sin pensarlo, se lanzó hacia adelante. Su cuerpo menudo se movió con una velocidad nacida del pánico. Daren, co