El camino terminó en una colina nevada.
El coche se detuvo frente a una casa vieja, de piedra oscura, con ventanas pequeñas y una puerta de hierro oxidado.
El aire olía a humo de leña y a algo más… algo antiguo.
Eiden bajó primero, con la mirada fija en el edificio.
Reyk y Leo lo siguieron, ayudando a Lucian, que apenas podía mantenerse en pie.
Yo me quedé unos segundos dentro del coche, observando el lugar. Tenía la sensación de haber llegado a un sitio que no quería recibirnos.
—Vamos —dij