El ruido crecía, mezclado con respiraciones roncas.
Reyk levantó su espada, Leo se adelantó un paso.
Eiden me soltó despacio y me colocó detrás de él.
—No hables —susurró.
Entre los árboles apareció una silueta.
La luz de la antorcha apenas alcanzaba para distinguirlo, pero lo supe al instante.
Su caminar, su altura, el tono de su cabello.
Lucian.
Llevaba el torso desnudo, el cuerpo cubierto de marcas oscuras que parecían venas encendidas.
Su piel tenía un brillo metálico, enfermo.
Sus o