El aire se volvió más denso cuando Aeryn retiró la tela que envolvía la caja. Las runas antiguas brillaban con una luz tenue, como si reconocieran las manos que estaban destinadas a abrirla. Tomó una respiración profunda, y con dedos temblorosos empujó la tapa.
Un suave resplandor se escapó del interior, iluminando su rostro con tonos dorados y rojizos. Dentro, envuelto en una seda oscura, descansaba un conjunto de pergaminos, cristales lunares pulidos y un medallón con la figura de una loba e