El crepitar de la hoguera iluminaba los bordes del pergamino extendido en sus rodillas. Afuera, la noche de las Tierras Oscuras era un monstruo dormido: silenciosa, densa, acechante. Pero Aeryn no temía. Estaba demasiado ocupada asimilando la verdad.
Nyrea Ignarossa.
¿Era ella ese nombre oculto por el tiempo y el miedo? Aquel linaje había sido borrado, transformado en mito, sepultado por los vencedores que temían su poder. Y ahora las piezas encajaban: su mechón plateado, su control sobre el