La casa de Cael estaba situada en la zona alta de Lobrenhart, un edificio de piedra robusta con vigas oscuras que crujían al compás del viento invernal. En el interior, el calor de la chimenea crepitaba suavemente, y el olor a té de corteza de abedul llenaba el ambiente. Afuera, la nieve comenzaba a derretirse con parsimonia, dejando rastros de barro y agua en las entradas.
Mientras entraban al salón. La expresión de Cael pasó de neutral a rígida en cuestión de segundos. Sus ojos se entrecerra