La noche era espesa . Árboles nudosos se alzaban como centinelas de un pasado olvidado, y el aire olía a humedad, tierra y magia estancada. Aeryn caminaba sola, con la capa desgastada cubriéndole el cuerpo, el cabello rojizo atado en una trenza descuidada, y su lince lunar, Shankar, pisando a su lado en completo silencio. Cada paso alejaba más su pasado, pero también la acercaba a algo que aún no podía nombrar.
A kilómetros de allí, ocultos en una caverna reforzada con símbolos de protección,