El aire en la fortaleza se había vuelto más pesado en las últimas horas, como si el destino mismo hubiera comenzado a filtrarse por cada grieta de Lobrenhart. Nerysa, quien hasta entonces había estado tan segura de la fortaleza de su familia y la estabilidad de la manada, ahora sentía una presión insoportable en su pecho, un presagio que la había estado atormentando durante todo el día.
Se encontraba en el jardín de los Alfas, el lugar donde tantas veces había compartido momentos de paz con Jol