Desde la torre norte de la fortaleza, Aldrik observaba la ciudad bajo el sol matutino. Sus manos enlazadas tras la espalda, la túnica perfectamente planchada, y los ojos entrecerrados como cuchillas a punto de caer sobre una presa.
No le gustaba lo que veía. O más bien, lo que no podía controlar.
Joldar había decidido partir a Monteluz. No me gusta ese interes de ver a Thandor. Y lo peor de todo: Nerysa y el, habían comenzado a husmear en los archivos de la vieja biblioteca. Viejas historias, v