El trayecto hacia la fortaleza fue silencioso. Nerysa y Joldar caminaban al frente, con la postura erguida de quienes están acostumbrados a ser observados. Detrás, Aeryn y Darien avanzaban lado a lado. Él mantenía la mano rozando la suya, como si su contacto pudiera frenar cualquier impulso, cualquier estallido que volviera a encender el fuego en su interior.
El aire en el camino olía a tensión contenida, a tierra húmeda por la niebla de la mañana, y al juicio no pronunciado que esperaban al cr