El camino de regreso a Vyrden serpenteaba entre colinas abiertas y praderas que olían a tierra mojada. El viento silbaba entre las rocas como si quisiera susurrarle respuestas que Kaelrik no había pedido, pero que igual lo alcanzaban.
Iba cabalgando solo al frente de su escolta, con la mandíbula apretada y la mirada clavada en el horizonte.
No podía dejar de pensar en ella.
Nyrea.
La loba que lo había desarmado sin una sola garra. La que lo había juzgado sin crueldad. La que había compartid