Aeryn aceptó otro trozo de mango con una sonrisa suave, lamiendo el jugo de sus labios. Sus ojos se entrecerraron de placer, y por un instante, Darien pensó que el tiempo se había detenido sólo para contemplarla así: libre, hermosa, viva.
Pero luego… ella suspiró.
Largo. Profundo. Doloroso.
Él lo notó al instante.
—¿Qué pasa? —preguntó con tono bajo, dejando la bandeja a un lado—. ¿Te sientes mal?
Aeryn negó suavemente con la cabeza.
—No es eso… es solo que…
Se tomó un momento, co