Habían pasado más de dos lunas desde la muerte de la abuela de Tarsia, y el tiempo, aunque lleno de tensión, había traído avances. Nyrea, ya con el vientre pesado y su andar más lento, se mantenía firme en sus funciones, asistida por Tarsia, Nerysa y Valzrum. Su fuego, aunque calmado, se volvía cada día más inestable. Como si supiera que el momento se acercaba.
El consejo se reunió esa mañana bajo cielos plomizos, y el ambiente estaba cargado.
Los informes habían comenzado a llegar uno tras