La noche había caído sobre Vyrden como un manto de tregua. Tras la declaración de Kaelrik, los fuegos se apagaron uno a uno y los pasos se alejaron con respeto. Pero en el centro del campamento, entre pieles limpias y aromas de infusión, Darién era guiado con suavidad por Nyrea hasta el interior de su tienda.
El cansancio pesaba en cada músculo de su cuerpo. Cada paso lo sentía como si arrastrara hierro. Pero ahí estaba ella, su lobo ardiente, su compañera, su fuerza. Y eso bastaba para segui