Capítulo 27.
(Narra freya)
El mundo se volvió un torbellino de sombras y gritos en cuestión de segundos. El dulce aroma a duraznos que emanaba de mi propia piel y que para mí era simple como el rocío de un perfume se tornó espeso para Nicolás, asfixiante, como si lo estuviera ahogando en almíbar.
Me desplomé hacia atrás cuando sentí un movimiento extraño pero antes de tocar el suelo, unos brazos me sostuvieron. Era una de las enfermeras de turno nocturno que había salido al escuchar el escándalo. Me aferré