78.

Me quedé de piedra, procesando la escena. ¿Clemencia? ¿Perdón? Aquellos hombres me miraban como si yo fuera una deidad capaz de fulminarlos con un parpadeo, cuando en realidad era yo la que temblaba bajo las sábanas.

Miré a Nicolás, buscando una explicación, pero su rostro era una máscara indescifrable.

— Si la señorita Freya no encuentra en su corazón el deseo de perdonarlos — dijo — no solo perderán sus puestos. Serán exiliados de los territorios Montesco esta misma tarde. Vivirán como escor
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