73.
El despertar fue como emerger de un océano pesado y oscuro.
Mis párpados se sentían pegados y un pitido rítmico, monótono y artificial era lo único que llenaba el vacío de mi mente. Al abrir los ojos, la luz pálida y aséptica del techo me cegó por un instante. Todo era demasiado blanco, demasiado limpio.
Por un segundo, el pánico me oprimió el pecho con una idea absurda: finalmente morí. Creí que el muelle, los gritos y el frío del cuchillo habían sido el final de mi historia y que este limbo s