77.
—¿Qué... qué es esto?
Esas personas vestían trajes a medida de tonos oscuros, sedas que no reflejaban la luz y relojes que valían más que toda la clínica donde yo solía trabajar. Su porte era rígido, sus rostros imperturbables como si estuvieran esperando el inicio de una junta de accionistas en la que mi vida fuera el único activo a discutir.
— Disculpen... — mi voz sonó pequeña — Creo que se han equivocado de habitación. Les ruego... les pido gentilmente que se retiren. Necesito un poco de pr