Capítulo 41. Una oferta impía.
La voz llegó como un disparo en la oscuridad.
—Si quieres volver a ver a tu hijo con vida, renuncia públicamente a todo.
Emilia se quedó congelada, con el celular pegado al oído y la respiración contenida. Había contestado sin pensar, al ver otro número oculto en su pantalla. La frase llegó sin presentación, sin rodeos. Y con la contundencia de quien no negocia.
—¿Quién habla? —demandó, pero la voz continuó, monótona, sin inflexión.
—Tu nombre. Tus acciones. Tu empresa. Tu poder. Todo. Hazlo en