Esas palabras: "Ha hacer que cumplas el contrato y todo lo que este estipula. No puedes irte"— resonaron en mi cabeza como un trueno, rompiendo el último hilo de control que me quedaba.
El mundo se tiñó de rojo, la rabia subiendo por mi garganta como bilis.
¿Cómo se atrevía? ¿Después de todo? Me giré despacio, la maleta aún en mi mano, y lo miré, sus ojos desesperados pero decididos, como si pudiera retenerme con un papel. El nudo en el pecho se deshizo en furia pura, y caminé hacia él, mis pas