Ariadna bajó del coche con una emoción que no podía contener.
Sus ojos recorrieron las tiendas lujosas que se extendían a lo largo de la avenida principal. Escaparates iluminados con las últimas colecciones, maniquíes vestidos con prendas de diseñadores exclusivos y el aroma inconfundible del lujo impregnando el aire.
Había pasado demasiado tiempo sin darse un gusto.
Desde que su padre la desterró de su antigua vida, había olvidado lo que se sentía entrar a una tienda sin preocuparse por los p