La frente de Leonardo se tornó sudorosa, estaba bajo presión, enfrentarse y luchar hasta la muerte no era el problema, temía equivocarse, morir y perder a su hijo, su saliva era espesa, estiró el brazo y tomó el vaso, de un solo sorbo lo desocupó.
—Si aceptas hacer una tregua conmigo, yo te aseguro que cada quien tomará su camino, nadie se interpondrá en la vida del otro —Leonardo bufó.
—Hablas por ti, adicionar, nadie te ha puesto al frente, nadie asegura que tu hermano, o el perro faldero de