Cristina y Leonardo se dirigieron a una habitación retirada de aquella fuerte tensión que se estaba presentando en el patio delantero, Cristina con la mano invitó a Leonardo a que tomara asiento, él sin temor alguno lo hizo.
Cristina camino hasta la licorera, tomó dos vasos y sirvió para los dos, luego de ello se sentó frente a él, recostó la espalda en la silla, cruzó la pierna dejando su belleza a simple vista, un delgado y corto vestido llevaba sobre su piel.
—Sabes lo que hice con tu padre