Dos días después.
Marcello junto con todo el personal irrumpieron en aquella casa abandonada, a través de las linternas pudieron ver que al fondo se encontraba un hombre atado sobre una silla.
Con las armas apuntando en todas las direcciones cubrían a Marcello, quien a toda prisa fue directo hasta aquella silla, Marcello llevó sus dos manos a la cabeza, la sangre seca sobre el pecho de Leonardo hizo que todo terminara.
—Mierda, mierda, mierda... —Marcello se reclamó por no haber podido protege