Leonardo ingresó en la habitación de sus hijos, uno a uno se despidió con gran dolor, mientras que ellos dormían, las lágrimas querían salir de los ojos de Leonardo, fue una gran batalla para no romper en llanto.
Era un hombre fuerte, indestructible, pero al ver a sus pequeños se aferraba a la vida deseando verlos crecer y ponerlos a salvo, se sentía indefenso, un pequeño cachorro al lado de feroces depredadores que querían consumirlo junto con su familia.
Luego de haber visitado a sus hijos,