Leonardo regresó a la propiedad donde vivía con Cristina, los hombres le mostraban pleitesía y lo saludaban con respeto; Leonardo se dirigió hacia el interior de la propiedad, continuar con sus negocios era lo único que deseaba.
Al llegar a la oficina estiró el brazo y abrió la puerta de un solo movimiento, su mirada se espantó siendo inevitable que no soltara un fuerte gruñido.
—¿Qué mierda haces aquí?, no tienes ningún derecho en venir a husmear entre mis cosas, lárgate antes de que te saque