Días más tarde.
Leonardo había perdido la paciencia, ya no le pensaba dar más oportunidades a Fabrizio y a Sofía, aquella sería la última vez que los escucharía.
La puerta se abrió para él, encendieron las luces, Fabrizio y Sofía se retorcían en las sillas, el olor que emanaba de allí era fuerte y difícil de soportar.
—Retiren las vendas de sus bocas —ordenó Leonardo.
—Agua, agua... Agua por favor —suplicaron los dos, Leonardo tomó una cubeta con agua y la arrojó sobre sus rostros, tan solo u